Los inicios de Sleeping Dogs, el juego que nos ocupa,
no fueron fáciles. Luxoflux venía
desarrollando la saga True Crime
desde sus inicios, con dos títulos a la venta en PlayStation 2, ambos sandbox,
ambientado uno en Los Ángeles y otro en Nueva York. Activision, que por aquel
entonces era la dueña de la franquicia, ordenó el desarrollo de una tercera
entrega, esta vez ambientada en Hong Kong y desarrollada por un estudio nuevo,
United Front Games (que solo había desarrollado el curioso ModNation Racers).
Con el proyecto ya iniciado y
relativamente avanzado, Activision consideró que el sandbox de aires orientales
poco tendría que hacer contra la enorme competencia del mismo género que había
en la generación, por lo que tomó la decisión de cancelar el videojuego. El
futuro de True Crime: Hong Kong estaba en el aire, y así estuvo hasta que llegó
una inteligente Square-Enix, que compró los derechos y se hizo con el proyecto.
Reavivado de nuevo y con la colaboración del estudio nipón en Londres, comenzó
un segundo desarrollo en el que tomaría el título actual y acabaría de gestarse
como lo que es, uno de los mejores sandbox de la actualidad.
El protagonista indiscutible de
Sleeping Dogs es Wei Shen, un avezado policía recién llegado de los Estados
Unidos a la ciudad que lo vio nacer, Hong Kong. ¿Su misión? Infiltrarse en las
tríadas y desmantelarlas desde el interior haciendo uso de su pasado como
pandillero y Sun On Yee (una de las tríadas más importantes y tradicionales de
la zona). Pero la ciudad de Hong Kong no perdona, el mínimo error resultaría
fatal para el agente, inmerso en un mundo de venganzas, honor y violencia.
Luchando contra las bandas enemigas y a menudo con sus superiores policiales,
Wei caminará a la cuerda floja entre sus dos vidas, la de respetado policía y
la de peligroso miembro de los sangrientos Sun On Yee.
La historia de Sleeping Dogs
resulta ser, aunque pueda no parecerlo, una de las premisas más interesantes
del título. Madura y compleja, la historia es muy extensa y detallada, plagada
de personajes muy bien desarrollados que tienen una evolución lógica y una
conclusión trabajada y adulta (¿Eh, Assassin’s Creed III?). Con un corte
dramático y visceral, el guión es directo y sencillo en su premisa, pero
enormemente complejo en su desarrollo. Se presentan gran cantidad de personajes
y todos ellos tienen su momento de protagonismo, y se nota un avance paulatino
en el nivel de respeto y contactos del protagonista, que va avanzando de
categoría poco a poco. La historia consigue ser un largo viaje lleno de carisma
y encanto, con un desarrollo rápido pero no por ello menos detallado, muy ameno
y con un final a la altura.
Pero el gran acierto de la obra
es Wei Shen, el protagonista, un personaje con un oscuro pasado que lo
atormenta y un trabajo francamente duro que llevar a cabo. Profundo
psicológicamente, Wei resulta ser un perfecto compañero de viaje y un conductor
de la historia excelente. Su avance personal es notorio y su desenlace
magistral y trabajado. Se trata de un personaje con el encanto suficiente como
para sufrir a su lado las escenas más viscerales y lo bastante misterioso como
para preguntarnos de qué lado está realmente. Las relaciones entre personajes,
tanto de amistad como amorosas con el protagonista resultan del mismo modo
estupendas y acertadas.
En definitiva, la historia es uno
de los puntos fuertes de Sleeping Dogs, una auténtica película policiaca con
gran protagonismo del género mafioso. La línea que separa el código de honor
criminal y la fidelidad a la policía de desdibujan poco a poco según la
historia avanza y sus personajes nos conquistan, con un estupendo Wei Shen a la
cabeza, hasta llegar al maduro desenlace que contentará a todos. Un argumento
digno, no cabe duda.
United Front Games ha puesto toda
la carne en el asador en el desarrollo de Sleeping Dogs. Las grandes ciudades
no son una novedad en el género sandbox (más bien son una necesidad), por lo
que su diseño y estructura es siempre uno de los puntos álgidos de todo
videojuego de exploración y movimiento libre que se precie. Pero en la obra que
nos ocupa hay ciertas particularidades que consiguen alejar al título del resto
de opciones en el más que sobrecargado mercado actual; si bien la mayor parte
de “ciudades jugables” de la actualidad están situadas en Estados Unidos (Nueva
York, los Ángeles, y demás sucedáneos inspirados indudablemente en este tipo de
urbes), Sleeping dogs recrea de un modo excelente y fidedigno el ambiente y las
características de la gran ciudad china, Hong Kong. La metrópolis hierve en
actividad, el motor gráfico resiste una gran cantidad de movimiento y permite
posicionar todo tipo de peatones y vehículos a lo largo de las calles de Hong
Kong, así como farolas, basuras, árboles y demás decorado básico. Todo se mueve
y se siente como en una ciudad real, en la que suceden cosas continuamente, muy
lejos de la sensación de “vacío” que crean urbes como la de, por ejemplo, L.A
Noire.
Pero todo ello sería inútil si no
se hubiese conseguido dotar a cada una de las calles y de los planos del
encanto de la gran ciudad china; luces de neón llamativas aquí y allá,
tipografía china por doquier, callejuelas llenas de tenderetes e incluso
templos de gran antigüedad en algunas zonas del mapeado. Y es que la variedad
visual en términos de escenario es muy amplia, desde zonas adineradas, a
grandes calles que nos recordarán a Times Square, pasando por callejones de
mala muerte en los que se ven venir delitos y peleas. Encontramos, incluso,
algunas zonas naturales repartidas a lo largo y ancho de la ciudad que nos
permiten valorar el notable trabajo de texturas y diseño de vegetación. En
determinados momentos, Sleeping Dogs nos permite introducirnos en locales cuya
decoración interna resulta llamativa y muy trabajada, ya sea en nuestros pisos
(de muy distinta factura), a locales nocturnos o edificios. En todo caso el
diseño es realista y detallado, al nivel de los exteriores.
En lo referente al diseño y
calidad visual de los personajes, es igualmente notable. No existen los
personajes clónicos en Sleeping Dogs, todos poseen detalles físicos muy
particulares que los distinguen de los otros y nos permiten identificarlos con
facilidad, desde el protagonista Wei Shen (muy carismático, nuevamente) a
personajes de edad muy avanzada como el Tío Po (cuyas arrugas están muy
logradas). Las animaciones faciales rozan un muy bien nivel, aunque
evidentemente no llegan a la maestría de obras como L.A Noire. Son dignas, pese
a ello, y ayudan mucho al desarrollo emocional de la historia. El detalle y las
texturas de los rostros, como se ha dicho anteriormente, es notable y resulta
realista y satisfactorio, así como el volumen de los cuerpos. El movimiento es
fluido y muy realista, y la cámara no resulta para nada molesta y siempre
escoge el mejor plano para dar espectacularidad y comodidad a partes iguales.
Mención especial al efecto mojado, no solo en los escenarios (cuando llueve en
Hong Kong es todo un espectáculo, con las luces de neón reflejadas en el asfalto,
generando un brillo preciosista pocas veces visto), sino también en la ropa y
piel de los personajes, con un efecto tan logrado que haría sonrojar a tantos
otros videojuegos en que se intenta algo parecido, con un éxito muy dispar. El
agua, del mismo modo, está diseñada excelentemente y resulta realista tanto
visualmente como a la hora de interactuar con ella a nado o en lanchas. Los
vehículos del juego, por otro lado, rozan un nivel excelente, con brillos y
volúmenes muy realistas, aunque las abolladuras generadas por los accidentes
son a menudo muy predeterminadas. Pese a mostrar todo esto en pantalla, el
framerate se mantiene estable y no da problemas en casi ningún momento,
permitiendo un juego fluido y muy satisfactorio.
En conclusión, Sleeping Dogs se
muestra robusto y agradable a nivel visual, resultando notable en cada uno de
sus aspectos. Si bien no es rompedor como obras del nivel de Uncharted 3, la
obra de United Front Games logra reproducir muy fielmente la ciudad de Hong
Kong de una manera original y realista, introduciendo en sus calles a
personajes y vehículos de una calidad muy alta que se mueven con una fluidez
estupenda en cualquiera de las situaciones. Variados cambios climáticos y de
hora (con los consiguientes cambios en el escenario), escenas cinematográficas
fluidas, texturas de gran nivel, efecto mojado sorprendente… Hong Kong en
estado puro.
Algo que se advierte con tan solo
comenzar a jugar es que Sleeping Dogs no ha inventado la rueda. Sus mecánicas
son sencillas y se han podido ver en muchos otros títulos del calibre de Grand
Theft Auto o Saints Row, por lo que desde buen inicio sabemos qué tipo de juego
tenemos delante. Pese a ello, el título de United Front Games hace gala de un
gusto exquisito en el diseño de misiones y siempre nos dará la sensación de
estar jugando a algo nuevo y sobretodo muy, muy variado.
Como en todo sandbox que se
precie las misiones están divididas en principales y secundarias, que a su vez
están también divididas en varios tipos. En lo referente a las principales,
tenemos dos ramificaciones de la historia que siempre van unidas y van
desencadenando acontecimientos de lo más variopinto; por un lado está la
vertiente policiaca, en la que investigaremos casos muy variados con objetivos
muy distinguidos, como por ejemplo sacar de las calles a asesinos en serie o
mercaderes de personas. Se trata de misiones muy variadas estructuradas en
“casos”, que a su vez están divididos en “pistas”, para tener siempre una idea
clara de cuanto nos queda para cerrar la investigación que tenemos entre manos.
Por otro lado tenemos las misiones de tríada, sin duda las más espectaculares
del título. En ella avanzaremos escalafón a escalafón dentro de la organización
criminal mientras vemos ir y venir personajes de lo más variopinto y peligroso,
siempre manteniendo nuestra tapadera, ante todo. Los objetivos en estas
misiones son en extremo divertidos: desde atacar a tríadas enemigas como
defenderse de ellas, extorsionar, sabotear… Todo tipo de crímenes muy divertidos
de llevar a cabo y que están muy bien estructurados.
Y es que la jugabilidad de
Sleeping Dogs es, como se ha dicho anteriormente, muy variada. Por un lado
tenemos un complejísimo sistema de combate cuerpo a cuerpo que deja a la altura
del betún a cualquier otro intento de algo parecido en el género. Aprovechando
las habilidades en el combate de Wei y su gran conocimiento de las artes
marciales, los combates cuerpo a cuerpo resultan frenéticos y muy complejos.
Contamos con variados combos muy sencillos de utilizar y que se ejecutan con
tan solo un botón (cuadrado, en el caso de PlayStation 3) y que permite variar
entre un movimiento u otro por medio del tiempo de pulsación o las
repeticiones. De este modo podemos pegar patadas giratorias auténticamente
arrolladoras, puñetazos veloces y certeros, rodillazos y demás artimañas. Pero
no solo eso, Wei puede coger a los enemigos y ejecutar en ellos llaves de todo
tipo, siempre con huesos rotos de por medio. Coger a los enemigos nos permite,
además, interactuar con los escenarios de un modo cruento y divertidísimo; aquí
y allá encontraremos objetos resaltados en rojo contra los que podremos lanzar
a los enemigos, desde containers de basura a cosas más inquietantes, como
hornos, sierras o paneles eléctricos. Estos “fatalities” resultan sorprendentes
por su enorme violencia, pero siempre motivan al jugador a coger a los enemigos
y mirar alrededor para encontrar un nuevo rincón contra el que estampar al
enemigo. Las batallas, en su mayoría, serán multitudinarias y podremos llegar a
tener muchos enemigos alrededor, momento en el cual deberemos hacer uso
continuo de las posibilidades de contraataque. De un modo parecido al visto en
la saga Assassin’s Creed, con la pulsación de un botón podremos bloquear el
golpe enemigo y devolvérselo con creces, siempre y cuando tengamos los reflejos
suficientes. El sistema de combate va mejorando poco a poco según desbloqueamos
nuevas técnicas en el gimnasio, en una de las ramificaciones secundarias más
importantes.
El combate no se queda ahí ya
que, aunque en menor medida, los combates armados también están muy presentes
en el título y están muy cuidados. Si bien el arsenal de armas no es muy amplio
(pistolas, metralletas, lanzagranadas, etc) su utilización es divertida y
amena. Con un sistema de cobertura sencillo y dentro de los estándares
habituales, los tiroteos son sencillos si además sabemos utilizar las
capacidades de “Bullet Time” que nos proporciona el juego, momentos en los
cuales la cámara se ralentizará y podremos disparar contra nuestros enemigos a
placer. Será muy necesario ya que aunque la IA enemiga no es demasiado alta, la
resistencia de Wei a los disparos es mínima y exponerse al fuego resulta
siempre mortal. Desgraciadamente el juego carece de tiendas de armas y aunque
las escenas de acción armada resultan divertidas y frenéticas, no se nos
permite profundizar casi nada en ellas comprando o mejorando nuestro arsenal. Las
posibilidades de combate se ven aderezadas con un componente plataformero
sencillo pero muy satisfactorio que nos permitirá llevar a cabo persecuciones a
pie por entre los tejados de Hong Kong, dejando atrás obstáculos de una manera
espectacular, divertida y sobretodo muy peliculera.
Las misiones secundarias del
título hacen uso de todas estas posibilidades para resultar variadas y
divertidas y los objetivos son siempre diferentes y a menudo relacionados con
la conducción. Y es que la conducción de vehículos es también un pilar base en
el título que nos ocupa; con un control arcade, rápido y sencillo, tendremos a
nuestra disposición motos, coches, camiones y lanchas para campar a nuestras
anchas por la enorme ciudad. Viviremos dentro de vehículos espectaculares
persecuciones y disparos con un “Bullet Time” muy acertado; veremos volar a los
coches a nuestro alrededor y salir despedidos a los conductores de motos
enemigas, todo mientras dirigimos nuestro propio coche. Podremos participar en
carreras ilegales en las que la violencia forma parte de la victoria y
tendremos la posibilidad de dejar a fuera a nuestros rivales por medio del
comando cuadrado, que nos permite golpear con nuestro coche los vehículos
enemigos de un modo parecido al que pudo verse en el olvidado título “The
Wheelman”. Además, tendremos la posibilidad de robar coches en movimiento
saltando de un coche a otro de un modo francamente espectacular, siendo esto
estrictamente necesario en algunas ocasiones.
Cuando no estemos en un coche,
las misiones secundarias harán uso de los tiroteos, las batallas cuerpo a
cuerpo y las persecuciones a pie para llevarnos de un lugar a otro completando
objetivos tales como llevar a cabo redadas, robar coches, hacer pagar a los
morosos o ayudar a nuestros compañeros de tríada a escapar de la policía.
Encontraremos todo tipo de posibilidades a nuestro alrededor, desde clubes de la
lucha a carreras opcionales, pasando por karaokes (con minijuego musical
incluido). De todo. Si sumamos a esto todo tipo de tiendas y comercios que nos
permiten adquirir ropa, complementos y comida, tendremos un sandbox muy
complejo en lo jugable. La personalización de Wei es limitada pero existente,
no llegar al nivel enfermizo de Saints Row, pero encontraremos una gran
variedad de ropa, complementos y calzado con el que vestir a nuestro
protagonista, que además podrá encontrar más piezas de ropa en los cofres
repartidos por toda la ciudad.
El mercado de coches es también muy alto, aunque
evidentemente solo posible para los que hayan amasado una gran cantidad de
dinero con las misiones y los trabajos, algo muy sencillo de lograr ya que
contamos con un móvil a través del cual podremos llamar a nuestros compañeros
para solicitarles algún trabajo, desde robar algún coche específico o dar una
lección a un mal pagador. Podremos utilizar el teléfono, además, para contactar
con nuestras distintas relaciones, pero habrá que tener mucho cuidado porque si
tenemos más de una al mismo tiempo lo descubrirán y nos dejarán. Un añadido
sencillo que no llega al nivel del de otras eminencias del género pero que se
mantiene correcto.
Para adquirir determinada ropa
deberemos tener cierto nivel de prestigio. El prestigio se consigue completando
misiones y llevando a cabo actos temerarios, saliendo indemne de ellos,
evidentemente. También tendremos niveles de policía (que subiremos completando
misiones como agente, evidentemente) y niveles de tríada (en este caso, claro
está, siendo un buen criminal). La evolución de estos niveles nos permitirá
obtener mejoras para Wei, mejoras de todo tipo que nos facilitarán en
sobremanera completar nuestros objetivos en las misiones. Se obtiene, por
tanto, una evolución bastante satisfactoria y trabajada del personaje desde que
tomamos el control sobre él en el inicio hasta que terminamos el juego.
Sleeping Dogs logra, en conclusión,
resultar espectacular y divertido a partes iguales. Las misiones principales
son en extremo divertidas y a menudo nos dará la sensación de estar jugando a
un videojuego de acción en tercera persona mucho más cerrado, al estilo de Max
Payne 3 o Uncharted. Y esto es, sin duda, algo muy difícil de alcanzar dentro
de un género tan abultado como es el sandbox. El título no resulta en exceso
innovador (salvo por su trabajado sistema de combate, algo casi inédito en los
tiempos que corren), pero abarca muchos géneros y en todos ellos se hace
respetar con una calidad fuera de toda duda. En la variedad está el gusto y
Sleeping Dogs se destapa como un título variado como pocos, con una capacidad
de divertir de la que pocos sandbox en la actualidad pueden alardear.
En términos sonoros, Sleeping
Dogs echa toda la carne en el asador en lo que a doblaje se refiere. El juego
nos llega en inglés con subtítulos al castellano pero en ningún momento se echa
en falta un doblaje a nuestro idioma, ya que las voces originales son
excelentes. Se dan cita en el doblaje actores de la talla de Tom Wilkinson
(Batman Begins, entre otras), Lucy Liu (Kill Bill, Los Ángeles de Charlie…) o Emma
Stone (Bienvenidos a Zombieland, The Amazing Spider-Man…). Todos hacen un
trabajado excelente, mención especial a la voz de Wei Shen, que será la que más
oigamos, con un fuerte deje chino en su inglés y un timbre de voz carismático y
muy agradable. En general se mezclan dos idiomas con una excelente actuación de
cada uno de los actores de doblaje, para conformar un mundo de acentos
realmente cohesionado. Los efectos son igualmente notables, sobre todo los que
escucharemos en los combates cuerpo a cuerpo, casquería, golpes y violencia
sonora que harán las delicias de los que quieran liberar tensiones a palo
limpio.
Musicalmente, la banda sonora del
título se apoya en la radio que podremos escuchar en los coches, ya que salvo
piezas de ambiente o de acción el juego no dispone de melodías propias
demasiado remarcables, aunque tampoco las necesita. La radio es variada en su
música, desde éxitos orientales (que evidentemente no nos sonarán), a grupos
mundialmente famosos como Queen, pasando por estrellas del metal del calibre de
Opeth, Machine Head o Trivium. Si bien no es la mejor selección que se ha
podido hacer, y faltan emisoras para estilos bastante importantes en la
actualidad, la radio es correcta en Sleeping Dogs. Es evidente que United Front
Games y Square-Enix se han centrado sobre todo en el doblaje, el peso pesado en
lo referente a aspecto sonoro en el título.
Sleeping Dogs resulta ser un
título excelente, muy tapado en este año por otras obras más conocidas y con
nombres más sonados. Pero no por ello deja de ser un videojuego muy
recomendable, divertido como pocos y variado como ninguno. Como el agente
infiltrado Wei Shen viviremos escenas de acción espectaculares y momentos
cumbres que permanecerán en nuestras retinas mucho tiempo. La posibilidad de
recorrer una recreación formidable de Hong Kong no se da todos los días, y si
además está llena de divertidas actividades que llevar a cabo, mejor que mejor.
Conducción, combate cuerpo a cuerpo, disparos y persecuciones frenéticas se dan
la mano para hacer sólido un argumento complejo, lleno de personajes memorables
que nos dejará satisfechos y con ganas de más, mucho más. Con Sleeping Dogs ha
aparecido una nueva estrella en el firmamento, una estrella que tiene la
capacidad y la calidad suficiente como para hacer frente a los más grandes del
género. Absolutamente recomendable.






















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